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Las Lámparas Germicidas y los Esterilizadores de Cuchillos utilizan los efectos de la radiación germicida para realizar su labor de desinfección.
Energía Germicida
La energía radiante del sol puede dividirse en tres amplias bandas: onda larga o energía infrarroja como el calor; energía visible que produce luz y color; y energía ultravioleta, invisible.
La radiación ultravioleta entre los 220-300 nanómetros es la que tiene efectos germicidas: es decir, que destruye bacterias, fermentos, el moho, fermentos y virus. Sólo una pequeña cantidad de energía ultravioleta inferior a los 295 nanómetros logra alcanzar la superficie terrestre debido a que es absorbida en la capa de ozono de la atmósfera. La eficacia germicida de la luz solar varia muchísimo según la hora del día, así como también según las estaciones. Sin embargo, las lámparas germicidas proporcionan energía ultravioleta con límites controlables prescindiendo de las condiciones del medio ambiente.
El método más práctico de generar radiación germicida es dejando pasar una descarga eléctrica a través de un vapor de mercurio de baja presión. Aproximadamente el 95% de la energía ultravioleta es radiada en la línea de 253,7 nanómetros. Esto es en la región de longitud de onda de máxima eficacia germicida.
Necesidad de Lámparas Germicidas
El aire fresco siempre ha sido considerado como beneficioso, sin embargo, en espacios cerrados, el aire puede estar relativamente estancado o tener una escasa circulación, especialmente durante el tiempo frío. También puede estar contaminado con gérmenes de seres humanos. Bajo tales condiciones, el aire puede ser un medio propagador de infecciones.
Las bacterias y esporas de moho en el aire pueden causar considerables daños a una gran variedad de industrias. Este perjuicio se presenta en forma de deterioro y contaminación. Además de los gastos que resultan de tales daños, existen costos de mantenimiento y refrigeración adicionales, además de la siempre presente amenaza a la salud de los consumidores de los productos afectados. La higiene de los productos es, obviamente, de vital importancia.
Aplicaciones
Las aplicaciones más comunes de las lámparas germicidas están comprendidas en protección personal y protección de productos.
La protección personal consiste en la irradiación del aire en una habitación a fin de proteger a sus ocupantes de enfermedades infecciosas que se transmiten en él. La protección de los productos consiste en la utilización de la radiación ultravioleta en áreas donde se preparan y almacenan alimentos, productos farmacéuticos o fármacos y otros productos, a fin de prevenir que se contaminen y estropeen por el moho u otros microorganismos.
Ambiente Higiénico
La radiación germicida puede proporcionar y mantener las condiciones de higiene para objetos esterilizados. Una lámpara germicida de 8 vatios, por ejemplo, puede utilizarse eficazmente en cabinas que tengan un volumen de 30 dm3 o menos, tales como las que se usan para guardar los utensilios de los barberos, biberones, vasos e instrumentos médicos y dentales. Del mismo modo, una lámpara germicida de 15 vatios proporcionará suficiente radiación ultravioleta para una capacidad de almacenaje de 230 dm3 y una lámpara de 30 vatios para 0,5 m3 o menos. Estos sistemas proporcionan intensidades eficaces desde 10 a 100 veces más fuerte que las producidas en la irradiación del aire para la ventilación de habitaciones. Sirven para la destrucción casi inmediata de las bacterias que entran al abrir y cerrar las puertas de la cabina. Las lámparas deberán estar siempre colocadas sobre la parte posterior de la puerta de la cabina, para que cuando la puerta se abra, el aire que entre sea interceptado por la energía de las lámparas.
Medidas de Seguridad
Es esencial que se tomen las debidas precauciones en el empleo de las lámparas germicidas. Exponerse durante largo tiempo, o a intensidades elevadas de radiación ultravioleta puede provocar inflamación temporal de la conjuntiva (membrana externa del ojo), muy dolorosa; así como también efectos histológicos en la cornea, iris y cristalino del ojo. En casos extremos puede ocasionar efectos dañinos permanentes. La exposición excesiva a la energía ultravioleta causará enrojecimiento o incluso quemadura de la piel(eritema), que es parecida a la provocada por el sol
El cristal utilizado en las gafas de sol comunes proporciona una adecuada protección a los ojos. Sin embargo, deberá tenerse cuidado de que la energía ultravioleta no entre a los ojos por los lados, ni tampoco se refleje en los ojos a través de las caras internas de los cristales. Existen protectores de plástico transparente para la cara. A veces incluso se han utilizado máscaras de soldador. Dicha protección debería incluir las orejas, especialmente cuando la persona que la usa está expuesta a numerosas lámparas. Conviene recordar que cuando una persona se haya expuesta a energía ultravioleta de onda corta, los efectos pueden no sentirse hasta varias horas después. Así mismo, la sensibilidad de cada individuo varia mucho. Los niños son mucho más sensibles a los rayos ultravioletas que los adultos.
La protección de las manos y brazos puede ser necesaria, donde la concentración de energía germicida es muy fuerte. Batas y guantes generalmente proporcionan una protección adecuada.
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