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¿Qué importancia tiene el equilibrio de los radicales libres y otros oxidantes internos en nuestro organismo?
Además de fuente de energía, también el oxígeno es imprescindible para la defensa de nuestro organismo frente a muchas enfermedades. Existen numerosos tipos de células especializadas que se encargan de atacar a microorganismos invasores, causantes de diversas dolencias, y para ello muchas emplean, entre otros medios, la producción de los llamados “radicales libres y otras especies muy oxidantes” a base del oxígeno, esto es: sustancias muy potentes y oxidantes, tales como peróxidos, superóxidos, radicales OH, etc., que contienen una alta proporción de oxígeno y son capaces de destruir a los microorganismos invasores, y que, según el estado de las defensas de nuestras células, podrían también dañarlas.
De hecho, estas mismas “especies oxidantes” se encargan también de destruir algunas de nuestras células que, a causa de diversos factores, puedan encontrarse en mal estado, degeneradas o enfermas, con lo cual también se preserva la salud de las demás.
En algunos casos, y en ocasiones concurrentemente con algunas enfermedades, las “especies oxidantes” se producen en tal cantidad, que también pueden afectar a las células sanas, especialmente si estas se encuentran algo débiles, con bajo nivel energético y baja actividad de sus “enzimas protectoras antioxidantes”. El daño que estas especies pueden producir en las células puede ir, según la intensidad de su acción, desde la muerte de la misma hasta, cuando menos, la aceleración de su proceso de envejecimiento.
Situaciones similares pueden producirse también en casos de estrés e intoxicaciones por diversas causas como: contaminación ambiental, toxicodependencias, abuso de algunos fármacos en grandes cantidades, enfermedades degenerativas, etc.
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